Los valores humanos son una semilla que germina hasta en las peores tierras. Así nuestra planta representa vida, posibilidades de crecer, prosperar, dar frutos y cobijo. Anna Frank era una del millón y medio de plantitas a quienes la mano del hombre les negó el futuro durante la II Guerra Mundial.

El Espacio Anna Frank se propone que ese tipo de injusticia no se repita.

Por eso creemos firmemente en alimentar esos valores en la sociedad, empezando por las plantitas pequeñas o jóvenes. Así que cada uno de los niños y adolescentes es un terreno fértil para que crezca la esperanza de una sociedad más justa, donde la envida será sustituida por el entendimiento mutuo y la pobreza de espíritu cederá frente al altruismo. Pero hay que luchar encarecidamente para alcanzar estos logros, para  poder convivir en un clima de honestidad, libertad y justicia con la dignidad que todos merecemos.

Si al principio puede ser una plantita pequeña, con un futuro incierto en medio de un ambiente árido y poco propicio, pero siempre se renovará. Por cada una de esas hojas que caiga vendrá otra, nueva y más fuerte, siempre dando un mensaje de esperanza en medio de la crueldad y la incertidumbre. Todo es importante, por eso la planta aparece desde la raíz, para sembrarse en lo más profundo del ser humano con el ánimo y la constancia de hacerla florecer. 
 

Entretejida con los colores individuales de cada ser humano, único e indispensable, se encuentra la malla de la sociedad. Es un espacio en el que ningún es igual al otro, pero todos estamos conectados y en armonía. Cambiante y presente, la sociedad justa crece con la evolución de sus pueblos cuando cada uno de sus integrantes tolera, respeta y se hace respetar sin usar la violencia.

Por eso Espacio Anna Frank cree en esa red articulada sin distingo de razas, credos, nacionalidades, edades o ideologías políticas: TODOS SOMOS PARTE DE LA HUMANIDAD Y RESPONDEMOS A LOS MISMOS VALORES PARA SER MEJORES COMO SOCIEDAD.

 
 
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